lunes, 19 de junio de 2017

19/06/17

Hola a todos, ha pasado tiempo desde que no escribo nada. La verdad que ya ni me acuerdo cómo se hace esto. Pero primero, quisiera advertirles, que esta no será una historia bonita, no será una historia que venda libros, simplemente será la historia de cómo morí.

Pero cómo empezar una historia con el final? Así que primero tengo que empezar desde el principio de todo. He escrito esta historia cientas de veces, pero nunca me animo a concluirla, si leen esto, muy posiblemente ya he tomado la decisión. 

Me llamo César. Nací en Asunción el 7 de diciembre de 1992 y esta es la historia de mi muerte. En mi primera infancia, yo fui un niño muy feliz y sonriente. Según cuentan, nunca lloraba por nada, sólo eran risas en mi vida. Pero eso era sólo el comienzo de mi vida
.
A los 3 meses de edad, mi madre y yo tuvimos un accidente automovilístico por culpa de una negligencia de la Corposana, una proveedora estatal de agua y servicios de alcantarillado, y por un adolescente de 16 años en estado etílico, que conducía la camioneta de sus padres, supongo.

Mi madre conducía un Honda Accord sobre la Avda Cacique Lambaré, yo vivía cerca del Club Capitán Figari, Prácticamente la camioneta pasó encima del coche. La gente se acercaba para curiosear lo que pasaba, pero ante tal destrozo no había duda de que nadie pudo sobrevivir a un accidente como ese. El vehículo quedó aplastado como si fuese una lata de refresco aplastada por mi pie. Nadie llamó a la ambulancia, simplemente a la policía, porque no había nadie a quien salvar.

Luego de media hora, se escuchó un llanto. A mí no me había pasado nada. Durante todo el viaje estaba durmiendo y desperté sólo por hambre, tal vez. Entonces se apresuraron a rescatarme, para ver que mi madre seguía viva también. Ella al ver que el otro coche le venía y no había nada que hacer, se inclinó hacia la derecha, me empujó bajo la guantera y de este modo, logró salvarse, al intentar salvarme a mí. Aunque quedó totalmente desfigurada.

Una pareja nos subió a su vehículo y nos llevó al hospital. Los doctores más allá de los primeros auxilios, no empezaban la operación que debían de hacer de inmediato para salvarla. Y en vez de eso, se limitaban a intentar despertarla y hacerle dar un número de teléfono de alguien que se haga responsable por los gastos médicos. Por suerte, en sueños, ella logró dar el número de teléfono de la casa de mis abuelos paternos. 

Contestó mi tía Marité y de inmediato tomaron el tren para llegar rápido al hospital. Mientras que otros familiares se iban acercando también como podían. Al llegar al hospital, mi tía Marité vio en la vereda a un bebé con la misma ropa para bebé que ella había regalado en el baby shower de mi madre. Así que se acercó a la pareja que me estaba llevando quien sabe dónde qué era lo que hacían. Esa pareja dijo que iba a llevar al bebé a descansar, porque en el hospital no iba a poder hacerlo. Me intentaron raptar.


Desde ese momento, mi madre quedó incapacitada un tiempo y mi padre quedó al cuidado completo de mí y de mis necesidades de bebé. Todo en mi vida era mi padre. Él me bañaba, me sacaba a pasear, me llevaba a todos lados. No había nadie más. Realmente era un bebé feliz.